CONSCIENCIA Y SISTEMAS COMPLEJOS

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Las organizaciones/empresas son sistemas complejos que se configuran a partir de la relación entre unidades más  simples (subsistemas).  Intervenir en la organización es comprender, es decir,  poner atención y consciencia sobre un sistema complejo. Visibilizar el alcance de la complejidad incrementa la ansiedad, ya que ver el conjunto a la vez que cada parte y cómo cada una de ellas “opera”,  se convierte en un esfuerzo de comprensión inabarcable.  Si queremos salir vivos/as del intento, no nos queda otro remedio que ver y aceptar nuestras propias limitaciones.

Aceptar nuestras propias limitaciones para abarcar la complejidad, ¿quiere decir que las organizaciones/empresas son estructuras en las que no se tiene una capacidad de influencia real, dado que ocurren muchas cosas a la vez en diferentes niveles del sistema? ¿O que esto no ocurre si no se tiene el suficiente poder en la organización, especialmente en aquellas muy jerarquizadas? Si pensamos en el sistema en su conjunto como en una inmensa red de conexiones, de relaciones entre unidades más simples, podemos entender que cualquier influencia o cambio sobre una de esas unidades más simples, necesariamente influye y cambia todas aquellas unidades simples, con las que ésta está conectada o en relación. Y la suma de estos cambios, cambia el conjunto. Por tanto, para modificar algo no es necesario intentar abarcar la comprensión de todo lo que está pasando en cada momento. La vía es simplificar y escoger dónde intervenimos y cómo intervenimos para influir en todo el sistema,  atentos/as a cómo operan los cambios en el conjunto.

Ahora bien, el  mapa que elaboramos sobre los subsistemas y el sistemas en su conjunto, así como el acento que ponemos en nuestra influencia sobre los subsistemas más simples,  está muy determinado por cuál es nuestra intención en la intervención  o a qué somos especialmente receptivos/as.  No hay una sola manera de entender la realidad, por eso, como consultora en organizaciones, me resulta un ejercicio básico  ser consciente de qué busco cuando intervengo y cuáles son mis  expectativas o hipótesis sobre lo que pasa o debería pasar, para contrastarlas a pie de realidad en una actitud abierta, profundamente receptiva y presente en el aquí y ahora. Este ejercicio, me permite acabar con el delirio de pretender controlar o gestionar la complejidad, aceptar mis limitaciones, bajar drásticamente mi nivel de ansiedad y aumentar mi percepción de lo que hay, de lo que está pasando, para finalmente, intervenir de una manera  más consciente e inclusiva de los/as otros/as y de lo que pasa…

Lo digo convencida. Lo creo, pero no siempre me sale. Se me ocurre ahora que, en realidad, la acción siempre se impone sobre la intención y éste es el ejercicio de entrenamiento: poner consciencia en mí como consultora (entenderme), y en los sistemas/organizaciones sobre los que intervengo (entenderse), para que así, intención y acción se acerquen todo lo posible, cada vez.